15 de febrero de 2012

Cuando le dije que la pasión, por definición, no puede durar
¿Cómo iba yo a saber que él se iba echar a llorar?
"No seas absurda -me regañó- esa explicación nadie te la pidió
asi que guárdatela, me pone enfermo tanta sinceridad".
Y asi fue como aprendí que en historias de dos conviene a veces mentir,
que ciertos engaños son narcóticos contra el mal de amor.
Yo le quería decir que el azar se parece al deseo,
que un beso es sólo un asalto y la cama es un ring de boxeo,
que las caricias que mojan la piel y la sangre amotinan
se marchitan cuando las toca la sucia rutina.
Yo le quería decir la verdad por amarga que fuera,
contarle que el universo era más ancho que sus caderas.
Le dibujaba un mundo real, no uno color de rosa,
pero él prefería escuchar mentiras piadosas.
Y, cuando por la quinta cerveza,
le hablé de ese chico que me hizo perder
la cabeza, estalló: "¿Vas a callarte de una vez, por favor?"
Y asi fue como aprendí que en historias de dos
conviene a veces mentir
que ciertos engaños son
narcóticos contra el mal de amor.
Yo le quería decir la verdad por amarga que fuera,
contarle que el universo era más ancho que sus caderas.
Le dibujaba un mundo real, no uno color de rosa,
pero él prefería escuchar mentiras piadosas.

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