Este año empezo perfectamente bien. En Neuquen, con mi familia, todos juntos salvando las distancias. En marzo empecé el colegio, tercero, mi último año de secundaria. Tantas risas, tantos chistes, tantos nervios... Poco tiempo después tuve uno de los peores problemas de mi vida, sentí que el mundo se me venía abajo, que no había solución, y dí todo por perdido. A mediados de abril conocí a alguien muy especial, que sin saber mi problema, al igual que mis amigas, me ayudó a salir adelante y a superar todo, con mucho cariño. En septiembre llegó Bariloche (lo que esperé con tantas ansias junto con mis compañeros), fue diez veces mejor de lo que pensé, supero todas mis expectativas. Después, vino Cruz del Eje, un viaje que me enseñó cosas que en ningún otro lado hubiese aprendido (fue, sin dudas, uno de los eventos más emotivos de mi año). Más adelante empezó una serie de momentos únicos e irrepetibles: mi curso campeón en el torneo interno del colegio, último día de clases, mi entrega de diplomas y por último LA fiesta de egresados.
Entre tantas ocaciones hubieron salidas con mis amigas, reuniones familiares, días escolares increíbles, días con mi novio, paseos con mamá... TODO, sin excepción, colaboró para que este 2011 haya sido irrepetible. Y por eso, hoy, yo elijo quedarme con todo lo bueno, y lo que me llenó el alma de felicidad.
PMB
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