15 de agosto de 2009
Ví la espuma de su risa que se vuelca en el balde vacío del orgullo. Ví el cántaro que se rompe cuando se encienden las brasas de su risa. Los retazos que quedan a lo largo de su risa. Los resuellos que su risa va dejando abandonados. Las cicatrices que va dejando por el día. Escuché el desvarío de su risa. Los zarpazos de su risa. Ráfagas que viajan a la velocidad del recuerdo. Escuché los latidos de su risa cuando derraman su líquido en mis ojos. El ronco murmullo de su risa cuando pasa su arado por mi cuerpo. Que el resplandor de su risa siga provocando encuentros fosforescentes entre mi voluntad y mi emoción. Que su risa siga desafiando como un guerrero la estupidez, el odio y el olvido. Que sigan abiertas sus rutas secretas. Que el traqueteo de su risa siga corriendo por los rieles de mi conciencia. Que su risa quede sepultada en el reguero de mi memoria. Que yo siga haciendo pie en el torrente de su risa. Que los sollozos de su risa sigan cambiando el lugar de mi cabeza. Que su risa siga dándome instrucciones para sobrevivir. Que siga empujando hacia el futuro el resto de mi vida. Que siga soldando la alegría con la tristeza. La paz con la inquietud. La felicidad con la congoja. El miedo con la confianza. La insensatez con el silencio. El tiempo con la vida. El misterio del tiempo con el misterio de la vida.
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