8 de julio de 2009

Necesito parar de llorar, necesito parar de temblar. Necesito comprarme dos tapones y ponérmelos en los oídos, dejar de escuchar lo que dice todo mi alrededor -que no son más que boludeces sin sentido que dañan a la gente-. Necesito salir un rato de este mundo y poder pensar en calma. Necesito parar de escuchar las "sugerencias" de los demás, y entender bien lo que quiere mi cabeza (y mi corazón). Necesito que él se acuerde que existo, pero no sólo eso, sino que también se de cuenta que lo necesito más que nunca, que necesito el bienestar que él me brindaba. Necesito a una sola persona que me entienda en este momento, y no me meta presión como hacen todos los demás, ya sea con el colegio y mis notas bajas, con dejar de salir porque supuestamente hago muchas cosas para la edad que tengo y me dan demasiada libertad, o con que me cuide por la calle y la gente que conozco (que hasta capaz son mil veces mejores personas que ellos).
¿Qué se piensan que soy? Una nena de 8 años que no tiene una mínima idea de lo que pasa en el mundo y los problemas que hay. ¿Se piensan que gritando van a lograr conseguir algo? Solamente logran que mi angustia aumente, y que me sienta más sola de lo que estoy. ¿Creen que privandome cosas van a conseguir que deje de ser así y de decirles todo lo que pienso? Al contrario, voy a empezar a mentir, a escaparme y a ocultar un montón de cosas.
La confianza que antes tenía en la gente de a poco la pierdo, ya sea con peleas o con aislamientos sin sentido. Ultimamente siento que los amigos no son para siempre (o al menos unos pocos) y que no te conocen como ellos piensan, porque de vez en cuando no se dan cuenta cuando una persona esta mal en serio. No digo que yo sea la mejor amiga que una persona podría tener, pero preferiría que alguien se fijara un poco más en mí.
A veces creo que lo mejor es encerrarse en uno mismo, y en lugar de causarle más disgustos a la gente contando los problemas de cada uno, guardarselos. Esperar a que en el futuro todo mejore, y así poder por fin conseguir un instante de felicidad.



Paula M.
Bruno

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